Justicia Negada

Justicia Negada

El líder de El Guayabo, Eric Payares, habla con una delegación de ECAP sobre la resistencia no violenta de la comunidad. (Caldwell Manners/CPT)

Finales de febrero de 2015. He estado viajando durante aproximadamente una semana a lo largo de la frontera entre México y los Estados Unidos, territorio del pueblo Indígena los Tohono O’odham, con una delegación los Equipos Cristianos de Acción por la Paz. Hemos ido aprendiendo acerca de los efectos de la militarización de la frontera en las comunidades locales, los peligros de cruzar el desierto aislado, los profundos efectos de las políticas de los Estados Unidos que han destruido los pequeños agricultores de América Central, y luego limita y castiga a las personas que intentan pasar al norte para sobrevivir. Cerca del final de nuestro viaje, visitamos un juzgado en Tucson, Arizona, donde un programa llamado “Operación Agilizar” intenta ampliar la capacidad de la corte para procesar casos de inmigración. Nos sentamos y vemos como de veinte a treinta personas son llevadas a la sala en un momento esposadas en las manos y en la cintura. En menos de una hora, 75 personas son judicializadas y sentenciadas a penas de prisión; menos de un minuto de juicio por persona. Al salir de la sala de audiencias, nuestra guía, voluntaria de una organización local de derechos humanos, saca un papel de su bolsillo. Está anotando las sentencias que fueron dadas, y calcula, basado en el número de personas y el tiempo de las condenas, ¿cuántos cientos de miles de dólares hará la Corporación Carcelaria de América?

Martin Luther King Jr. dice, en su “Carta desde una cárcel de Birmingham”, que “la justicia demasiado postergada es justicia negada”. Después de pasar una tarde en en el juzgado de Arizona, me doy cuenta de que la justicia apresurada también es justicia negada.

Mediados de enero de 2017. Tengo aproximadamente dos semanas de un período de un mes como un reservista con el equipo de ECAP Colombia. He visitado la comunidad rural de El Guayabo, donde las familias campesinas y las comunidades han sido embrolladas en una lucha para la reclamación de la tierra con el hijo de un ex-terrateniente. Aunque las acciones de las personas de El Guayabo en la defensa de su tierra hayan sido legítimas y no violentos, funcionarios públicos, emitieron órdenes de captura hace varios meses para cuatro líderes de la comunidad. Uno, Álvaro García, fue detenido en su casa en la madrugada. Después de estar escondidos por seis meses, buscando ayuda legal y construyendo una defensa, los tres otros líderes de la comunidad se entregaron a las autoridades y fueron dejados en libertad mientras sigue el caso. Pero Álvaro ha sido detenido durante ocho meses ahora, esperando los cargos y una audiencia en la cual sus abogadas pueden solicitar su liberación.

El equipo de los ECAP ha estado visitando a Álvaro regularmente en la cárcel en Barrancabermeja, que está a varias horas en barco de su familia y de su comunidad, y asisten a las audiencias en su caso. Fui a una audiencia con otro compañero de los ECAP en la que la abogada de Álvaro espera terminar con la fase inicial y acercarse al punto en el cual pueda solicitar su liberación. Esperamos una hora en una pequeña área de recepción: Álvaro, dos guardias, varios de los miembros de la familia y la comunidad, abogadas de un colectivo de abogados de derechos humanos, mi compañero y yo. Álvaro con manos esposadas estira su manos para saludarme cuando nos presentan. Canta  una canción al grupo que escribió en la cárcel sobre la dignidad del campesino, el trabajo y la importancia de la justicia para la tierra. Finalmente la juez pide que Álvaro, sus guardias, y los abogados vayan a otro salón.

Mi compañero de equipo y yo esperamos fuera con amigos y la familia de Álvaro durante aproximadamente dos horas, mirando la ciudad y el Río Magdalena desde el cuarto piso del juzgado. Finalmente, Álvaro surge, y los guardias lo llevan por la puerta trasera del edificio, para volver a la cárcel. Su abogada principal se junta a nuestro grupo pequeño, sacude su cabeza y explica que la finalización de la audiencia de ese día ha sido pospuesta dos semanas. Pidió seguir la audiencia dentro de unos días; pero la juez negó la solicitud.

La justicia demasiado postergada …

La semana de la audiencia de Álvaro incluye varios acontecimientos significativos para mí como residente y ciudadano estadounidense: el cumpleaños de Martin Luther King Jr, celebrado en los Estados Unidos como un festivo nacional y la inauguración del presidente por un hombre que habla orgullosamente de haber cometido acoso sexual, amenaza a activistas y periodistas, ha hablado odiosamente sobre la gente de color e inmigrantes, y propuso el desmontaje de casi cada faceta del gobierno estadounidense a cargo de la protección de derechos civiles y cuidar las necesidades elementales de la clase obrera, pobre, y hasta residentes estadounidenses de la clase media. La noche antes de la inauguración, otro compañero del equipo ECAP y yo nos quedamos mirando Decimotercera, un documental potente sobre el encarcelamiento de masas. Pienso en cómo la violencia contra la gente de color, sobre todo la violencia estatal, es permitida por un sistema criminal que consecuentemente procesa esa violencia con menos seriedad que la violencia contra víctimas blancas. Pienso en cómo la cultura de la violación es sostenida por un sistema criminal que rechaza y re-traumatize sobrevivientes de la violencia sexual, raramente trayendo sus casos a juicio. Pienso, por otra parte, sobre un sistema lleno de gente, sobre todo negra y la gente Latina, detenida y procesada por la ofensa más pequeña, a menudo relacionado con drogas, ofensas que dan combustible a una industria creciente de cárceles privadas.

La justicia torcida, también es justicia negada.

He tenido un amigo por correspondencia durante unos meses que es encarcelado en una prisión de Texas. Recuerdo la primera vez que recibí una carta de él: Sosteniendola en mi mano, mirando su escritura, reflexionando sobre la dirección de donde vino. Leyendo sobre su hijo, su música favorita, sus aficiones. Soy una persona blanca, de clase media que nació ciudadano estadounidense y no he tenido que interactuar mucho con ningún sistema penal. Su carta me golpea en el estómago en un modo que ningún argumento político sobre prisiones había hecho.

Encarcelamos a seres humanos. En jaulas. Durante años. Seres humanos como cualquier otros, hij@s hermos@s e imperfect@s de Dios. L@s encerramos.

No creo que nada de esto es el tipo de justicia que Dios quiera para nosotr@s. “Esto es lo que dice el Señor Todopoderoso”, dice el libro de Zacarías. “Administrar verdadera justicia; mostrar misericordia y compasión uno al otro”. De muchas maneras, nuestros sistemas actuales no pasan esta prueba.

No me resulta fácil imaginar cómo podría verse la verdadera justicia; una justicia de misericordia y compasión. En muchos sentidos, es exactamente la pregunta con la cual Colombia está luchando como país ahora mismo. Después de medio siglo de guerra, y ha vivido todas las pérdidas, abusos, dolores, traumas y rabias que la guerra trae, ¿qué cara tiene la justicia? ¿Cómo puede la verdad ser puesta adelante, hacer espacio para la rendición de cuentas y restitución? ¿Cómo podrá Colombia avanzar hacia un futuro transformado? ¿O cualquiera de nosotr@s? Y ¿cómo sostenemos esa pregunta de tal manera que realmente podemos ver y oír y cuidar uno del otro, y nadie termina en una jaula?

Traducido por Pierre Shantz.